Hay una frase famosa que se repite una y otra vez: Gracias a la vida porque (inserte aquí cualquier motivo). Esta se hizo popular, además, por una canción de la chilena Violeta Parra (quien se suicidó un tiempo después de lanzarla), que arranca diciendo: “Gracias a la vida que me ha dado tanto”. Pero ¿a quién le debemos nuestro agradecimiento? ¿A la vida o a Dios?

Un falso agradecimiento

Decir que damos gracias a la vida es querer maquillar de humanista el deber y el verdadero gozo del hombre al estar agradecido con el Dios del universo. Aunque el inconverso quiera negar la existencia del Dios de la Biblia, la revelación general (la creación) lo confronta de manera directa y la revelación especial (las Escrituras) señala su pecado de forma contundente mostrándole al único que merece toda la gloria: nuestro Señor Jesús. Quien no tiene a Jesucristo busca hacer de expresiones como estas un refugio, queriendo dar un sentido a la vida separado de su Dador.

Para su desgracia, la Palabra los contradice: “Jehová mata, y él da vida” (1 Samuel 2:6). La vida no es una entidad personal independiente: es Dios quien la otorga por su gracia y misericordia, y si no fuera por su sustento, moriríamos al instante. En efecto, Él es quien ha decidido cuándo hemos de morir. ¿O quién de nosotros, por mucho que piense positivo o dé gracias al universo, puede asegurar que se levantará mañana? ¿Quién podrá estar seguro del tiempo que estará sobre la tierra?

No contentos con esto, muchos han caído en la adoración idolátrica de lo creado. Así, ponen en la naturaleza misma el origen de todo, como si esta fuese una fuente de energía mística creada por y para sí misma, dándole también todo tipo de nombres, como la madre tierra o pachamama. Veamos lo que dice Romanos 1:25 al respecto:

ya que cambiaron la verdad de Dios por la mentira, honrando y dando culto a las criaturas antes que al Creador, el cual es bendito por los siglos

Estatuas indígenas, fetiches santeros, estampitas o figuras que representan personas, dioses que supuestamente viven en animales o lugares… póngales el nombre que quiera: la Biblia dice que es idolatría y, por tanto, son prácticas que los llevarán al infierno si no se arrepienten (1 Corintios 6:9-10). ¿Por qué? Porque se honra y se da culto a lo creado y no al Creador, el único que tiene derecho a ser alabado. Esta frase, la de doy gracias a la vida, en realidad, expresa un falso agradecimiento, pues es un dar gracias al vacío, a lo que Dios nos da, más no a Dios mismo.

¡Gracias a Dios!

¿Puede la vida recibir mis agradecimientos? ¿Es la vida un ser humano, como tú y yo, que puede escucharnos? En muchos círculos donde se quiere negar la existencia de Dios o ser políticamente correcto y no ofender a nadie, es común dar supuestas gracias a la vida, en un afán de evadir el compromiso con el Creador de los cielos y la tierra (Génesis 1:1; Génesis 14:19; Eclesiastés 12:1; Isaías 42:5). A Él, y únicamente a Él, debemos nuestra entera adoración.

Damos gracias a Dios porque Su pueblo ve esto con claridad, porque tanto las Escrituras como la evidencia empírica afirman que hay un Dios verdadero sobre todas las cosas, Señor de nuestras vidas, quien tiene el derecho de hacer como le place. Es inaceptable dar gracias al don y no al que lo da, pues por esto caerá la ira de Dios sobre quien lo hace. Que el Señor nos ayude a luchar contra el humanismo y el naturalismo que quieren robar gloria a Dios, porque detrás de esos disfraces solo hay rebelión contra Él.

Al mundo dice Su voz: “El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos, y creed en el evangelio” (Marcos 1:15). Y esto, lector, implica tanto someternos a Su voluntad como darle el agradecimiento que solo Él merece.