Estar temeroso es algo terrible, porque es primeramente por desconfiar de nuestro Padre Santo. Sin embargo, hay un temor reverente que es precioso y admirable, ese temor es el temor de Dios.

El miedo es sin duda una de las muchas consecuencias terribles del pecado. Tememos porque estamos inseguros y afanados, porque no tenemos control sobre lo que pasa a nuestro alrededor. Pero sabemos que si caminamos con Dios, el mundo se puede deshacer y nosotros seguiremos confiados, en paz porque Cristo Jesús pagó por nuestros pecados en La Cruz del calvario, muriendo y resucitando al tercer día.

Si caminamos con Dios el miedo desaparece. Si tenemos fe en la Palabra de Dios, preguntamos, ¿Qué es el miedo? Y sin embargo, debemos temer a Dios. Al magnífico, bello, santo, glorioso, perfecto, sabio, bueno, misericordioso, justo Dios nuestro, debemos temer. Pero este temor no tiene nada que ver con el miedo que el pecado produce, sino que es una bendición misma de Dios que le temamos, puesto que este temor a Dios significa, que con suprema reverencia hemos de vivir nuestras vidas delante de la presencia de Dios para Su gloria.

El temor de Dios es estar conscientes de la presencia de Dios, atentos a su mirada, despiertos a su consideranción de nuestras vidas y nuestros pensamientos. El temor de Dios es saber que Dios te mira desde lejos, mas sin embargo, siempre está muy cerca, tan cerca que siempre te está mirando, aun si te encuentras en la más profunda oscuridad. Tu Padre está ahí, mirándote, impulsándote con su mirada a vivir para Su gloria.

¡Bendito temor de Dios! Bendito sea Dios por mandarnos a temer su Santo Nombre, porque el temor de su nombre es refrigerio y seguridad para siempre, y es completa paz y perfecto gozo. ¿No te gozas al saber que Dios te mira? Te mira con mirada de santidad y de justicia, esperando que cumplas y ayudándote a cumplir lo que Sus ojos quieren ver: Santidad.

El temor de Dios es aborrecer lo que Dios aborrece, es amar lo que Dios ama, es callar donde Dios calla, es proclamar lo que Dios proclama. El temor de Dios es querer imitar cada vez mejor a nuestro Señor Jesucristo con la ayuda del Espíritu Santo. El temor de Dios es un camino recto, deleitoso, agradable y suave para nuestros pies, un camino centrado en la gloria de Dios, un camino que te enamora de la hermosura de Dios.

Los hijos de Dios no sabemos lo que es el temor, porque el ángel de nuestro Dios va delante de nosotros, ¿y qué nos puede atemorizar? Pero sí sabemos lo que es temer a Dios, y sabemos que este temor de Dios, es honrar a Dios con cada acto y pensamiento. Temer a Dios es sabiduría, es alabar a Dios en la hermosura de la santidad y deleitarte en su presencia. Temer a Dios es ser íntegros tanto en público como en la privacidad de nuestra habitación. Temer a Dios es amarlo con todas tus fuerzas y con todo tu ser, y es odiar el pecado de la misma manera.
Te invito a leer y meditar en: Deuteronomio 10:12,20,21; Proverbios 1:7; Lucas 12:5

Y tú, ¿tienes temor, o temes a Dios?