6 mayo 2015

Afinando nuestros sentidos espirituales: ¿Oímos o escuchamos?

¿Qué significa oír con fe?

Dos cosas que me son comunes:

  1. Cuatro a seis horas después del sermón del domingo por la mañana suelo preguntar a creyentes ¿sobre qué trató la predicación? Más de una vez, no lo recuerdan.
  2. Unos breves minutos después de haber entregado instrucción al paciente y su familiar que le acompaña, sobre la medicina prescrita, entran a preguntarme otra vez la manera de cómo usarla.

En ambos casos ellos oyeron, pero no escucharon.

¡El oír con fe sólo está reservado para los hijos de Dios! Los incrédulos no pueden ni quieren oír con fe. Cuando el Señor nos confronta con Su Palabra en un culto de domingo, unos oyen con fe (escuchan) y otros sólo oyen.

Este es mi argumento:

  1. No es lo mismo oír que escuchar

Cuando Jesús entró a casa de Marta y María, ¡Él dio crédito a María! ¿Por qué? Porque María escuchaba mientras Marta servía (oía, pero no escuchaba). Para Jesús, María escogió la mejor parte, lo cual fue escuchar (Lucas 10.38-42 NVI).

Para oír, basta tener sano el oído. Oír es percibir por el oído un sonido, o lo que alguien dice sin necesariamente entender lo que estamos oyendo.

Escuchar significa poner atención o aplicar el oído para oír algo o a alguien. Por lo tanto la acción de escuchar es voluntaria e implica poner atención por parte del sujeto.

  1. Los incrédulos sólo oyen... pero no escuchan

En el pueblo de Israel sólo se salvaron los elegidos, es decir, un remanente, los demás no se salvaron. Todos ellos tenían oídos, pero el singular apóstol declara lo siguiente: ¿Qué concluímos? Pues que Israel no consiguió lo que tanto deseaba, pero sí lo consiguieron los elegidos. Los demás fueron endurecidos,  como está escrito: «Dios les dio un espíritu insensible, ojos con los que no pueden ver y oídos con los que no pueden oír, hasta el día de hoy». Ro. 11.7-8

Los incrédulos oyeron, pero sin fe, es decir, no escucharon (a pesar de tener oídos).

  1. Los cristianos son los que escuchan

Por otro lado, son los creyentes que tienen oído para escuchar. ¡Aun el oír con fe, es un don!

En Gálatas 3.2,5, Pablo habla sobre el oír con fe, lo cual es otra manera de decir que tenían afinados lo sentidos espirituales para escuchar la voz de Dios.

  1. Los creyentes inmaduros suelen oír pero no escuchar

También el escritor a los hebreos hace mención a este sentido espiritual del oír. Dirigiéndose a creyentes, les hace notar que es a los cristianos inmaduros que les sale por un oído lo que les entra por el otro (Heb. 5.11 NVI) y en el versículo 14 expresa: En cambio, el alimento sólido es para los adultos, para los que tienen la capacidad de distinguir entre lo bueno y lo malo, pues han ejercitado su facultad de percepción espiritual.

Por lo tanto:

Cuando vayamos al culto, sin lugar a dudas debemos asistir con la intención de escuchar y no solo de oír Su Palabra, pues aun siendo salvos podemos incurrir en la práctica censurada por Dios (oír en lugar de escuchar).

Sería bueno recordar estas palabras: Por eso es necesario que prestemos más atención a lo que hemos oído, no sea que perdamos el rumbo… La salvación fue anunciada primeramente por el Señor, y los que la oyeron nos la confirmaron. (Heb. 2.1,3)

Demos gracias al Señor si nos ha dado oído para escuchar. Aún esto es un don de Dios, no es nuestro.

¿Recuerdas el sermón del domingo que recién pasó? ¿Tomaste nota del sermón? ¿Meditas en él aún?

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