En el Salmo 115.1 el salmista declara dos veces consecutivas “no a nosotros”, de ésta forma los israelitas hacían énfasis cuando escribían o exclamaban. Si pensamos en lo egocéntricos que somos, creo que podríamos repetir infinitas veces “no a nosotros, Señor, no a nosotros, sino a tu nombre da Gloria…”.

Recuerdo cuando un día mencioné en una conversación la frase “todo lo que hacemos lo hacemos para la gloria de Dios” y el joven con el que hablaba dijo, “eso es calvinismo”. Yo, sonriendo, le respondí: “eso lo dijo Pablo (1 Co 10:31), no Calvino”.

Tratamos neciamente de asociar las “Solas” de la reforma a los reformadores, pero olvidamos que lo que hicieron Juan Calvino, Guillaime Farel, Theodore Beza, Jhon Knox, Martín Lutero, entre otros, fue imitar Cristo, el reformador por excelencia. Los reformadores se detuvieron en los caminos, consultaron por las Sendas Antiguas y prosiguieron avanzando por ellas, hasta el final de su carrera en esta tierra.

El teólogo John D. Hannah dijo: “La Reforma fue una llamada para el cristianismo auténtico, un intento de escapar de la corrupción medieval de la fe a través de la renovación y la reforma. Su enseñanza, que se arremolinaba en torno a una repetición de cinco veces de la palabra sola (‘solo’), fue un mensaje radical para ese día (y debe ser para nuestro) porque pidió un compromiso con una visión totalmente Dios-Centrica en la fe y vida”. [1]

La Sola más importante

Porque de ella dependen las demás Solas, sin la Gloria de Dios no habría nada. Como dijo el puritano Thomas Watson (c. 1620 – 1686): “La gloria de Dios es una parte tan esencial de Su ser, que Él no puede ser Dios sin ella”. Dios mostró su Gloria desde el comienzo de la creación, con su sola voz creó todo lo que hoy podemos ver y para coronar la creación hizo al hombre (1 Co. 11:7). El salmista proclama y dice los cielos cuentan la Gloria de Dios (Salmo 19.1).

Gloria, en Hebreo kabod, «peso» y en griego doxa (δόξα) significa poder, grandeza, esplendor.

La gloria de Dios

Los Israelitas pudieron verla como un fuego devorador (Éx. 24:17), Moisés quiso verla pero no hubiera seguido vivo (Éx. 33:18, 20, 22). En otras ocasiones, la Gloria de Dios se presentó como una nube (Éx. 40:34–35; 1 R. 8:11). Algunos hombres, como Isaías (Is. 6:3) y Ezequiel (Ez. 1:28) pudieron ver la Gloria de Dios en visión. Se le presentó a los pastores (Lc. 2:9), y cuando Esteban moría, Dios le permitió ver su Gloria (Hch. 7.55).

La Gloria manifestada en Jesucristo

Tenemos hoy la manifestación más gloriosa (Jn. 1:14; 17:5, 24; He. 1:3), el niño que vino a salvar a su pueblo de pecado; quien nació, vivió una vida santa, hizo milagros, mostró y vivió para la Gloria de Dios Padre y fue crucificado por causa de nuestro pecado para aplacar la ira de Dios. Jesucristo fue quien dio su vida y resucitó para que pudiéramos resucitar juntamente con Él para vida eterna. Ascendió al Cielo y hoy está a la diestra de Dios, lleno de Gloria.

Él aparecerá nuevamente a buscar una Iglesia gloriosa sin mancha y sin arrugas, para estar para siempre con él.

Ese Dios es nuestro Dios, digno de Honra, Gloria y de Alabanza.

No hay ser más Glorioso que él, no hay un ser más perfecto Él. Él es quien sustenta todo.

Luego de hacer un breve repaso de este tema central, entendemos lo importante de vivir dando la Gloria solo a Dios, como escribió Jonathan Edwards (1703-1758): “Resuelvo nunca hacer ninguna clase de cosa, ya sea en el alma o en el cuerpo, menos o más, sino aquello que sea para la gloria de Dios, no ser, no permitirlo, si yo pueda de alguna manera evitarlo”.
¿Estás dispuesto a vivir de esa forma? Para eso necesitamos morir a nosotros mismos y vivir para Él. Vivir para la eternidad.

Jesús Ayúdame

Existió un hombre que hoy por hoy es considerado uno de los más grandes compositores que ha existido. Cada vez que él iniciaba una nueva pieza, inclinaba la cabeza y oraba: “Jesús, ayúdame a mostrar tu gloria a través de la música que escribo. Que te traiga alegría, incluso, mientras que trae alegría a tu pueblo”. Este hombre creía que jamás podría completar una nota sin la ayuda de Jesús. Él, antes de escribir cualquier cosa, escribía cuidadosamente las letras J J en la parte superior de la página. Con eso, la música comenzaba a verter de su alma a la página. Cuando finalmente estaba satisfecho, él escribía las letras SDG en la parte inferior de la página — Soli Deo Gloria— “para la Gloria de Dios”. Este hombre era Johann Sebastian Bach (1685-1750). Él esperaba que cuando su música se ejecutara, sería para apuntar hacia Dios.

Puedo concluir diciendo que nadie puede vivir para la Gloria de Dios, si no vive por medio de la Sola Escritura, si no ha sido salvado solo por la Sola Fe, si no confía su salvación Sólo por Gracia, y si no ha sido regenerado Sólo a través de Cristo.

“Porque de Él, por Él y para Él son todas las cosas. A Él sea la gloria para siempre. Amén”.
Ro 11.36


[1] Beeke, J. R. (2008). Vivir para la gloria de Dios: Una introducción al calvinismo (Pág. 132). Lake Mary, FL: Reforma Confianza Publishing.
[2] J. S. Bach: Soli Deo Gloria – To the Glory of God Alone