Tal vez la verdad más grande y fundamental que como Iglesia de hoy en día hemos olvidado es el “ser como Cristo”.

Si la Iglesia se encuentra como la vemos, creo firmemente que es debido al descuido de esta verdad fundamental. Digo rotunda y claramente que todo, todo es diferente en un cristiano cuando se mantiene firme y anhelante persiguiendo la semejanza con Cristo.

Lamentablemente, muchos de nosotros nos hemos convertido en seguidores muy cercanos de hombres, sin mirar si sus ejemplos nos guiaban hacia la semejanza con Cristo. Amamos sus palabras como venidas del Dios al que servimos, sin examinar si se ajustaban a la Palabra de Dios o no. Si Fulano de tal lo dijo ya es suficiente para repetirlas, aplicarlas y hasta enojarnos si alguien las intenta poner en duda.

Pablo, en 1 Corintios 11:1 escribió: “Sed imitadores de mí”. Y esto no proviene de un libro de algún hombre arrogante que se cree en la cúspide de la perfección, sino de un texto que forma parte de los 66 libros de la inerrante Palabra de Dios. Pablo le aconseja a los corintios: “Sed imitadores de mí”. Entonces, ¿imitamos a Cristo o podemos imitar a hombres? La respuesta la encontramos en el resto del mismo versículo: “Sed imitadores de mí, así como yo de Cristo”.

Por supuesto que podemos imitar la buena conducta de algún hombre, siempre y cuando la vida de esta persona refleje su semejanza con Cristo. Hebreos 13:7 dice: “Acordaos de vuestros pastores, que os hablaron la palabra de Dios; considerad cuál haya sido el resultado de su conducta, e imitad su fe”. Este versículo nos ordena “considerar” cuál ha sido su conducta. La palabra original en griego se puede traducir también como “mirar de nuevo, atentamente” según el Diccionario Strong. Robertson, en su Comentario al Texto Griego del NT lo define como “examinar una cuestión, investigar, observar con precisión” (p. 631). Esto no significa que estemos cuestionando y discutiendo todo lo que un ministro esté diciendo y haciendo. No. No hablo de esa actitud crítica que transforma una reunión de una Iglesia en una puesta en escena sobre la plataforma y debajo cientos de críticos de teatro.

A la hora de seguir el ejemplo y las enseñanzas de un hombre, antes debo, sin excepción, verificar si su vida y palabras concuerdan fielmente con la Palabra de Dios. Pablo decía: “Sed imitadores de mí, así como yo de Cristo”. ¿Qué es lo que estaba diciendo? Nuestro ejemplo a seguir es Cristo. “Yo les puedo servir de un ejemplo visible de Cristo para que puedan aprender”. Antes de esta frase, Pablo les estaba contando a los corintios que él no procuraba su “propio beneficio, sino el de muchos, para que sean salvos” (1 Corintios 10:33). A lo que agrega: “Sed imitadores de mí, así como yo de Cristo”. ¿A qué se refería? A lo que acababa de decir. “No procuro mi propio bien sino el de los demás para su salvación. Hagan ustedes como yo, así como yo hago esto imitando a Cristo”. ¿Cuál era el ejemplo de Pablo? ¿En qué se basaba para saber cómo debía actuar en cada situación? En el ejemplo de Cristo.

1 Pedro 2:21 nos dice que Jesús nos dejó “ejemplo, para que sigamos sus pisadas” (énfasis añadido). Jesús no solo murió por nuestros pecados y resucitó para darnos una nueva vida, sino que también nos dejó ejemplo para que imitemos. Por esto nos llamamos cristianos. Cristiano viene de la combinación de “Jristos” y el sufijo griego “ianos”, y significa partidario o seguidor de Cristo. Al confesarnos cristianos estamos declarando que somos seguidores de nuestro Maestro divino, Cristo. Y nuestro Maestro no solo nos enseñó con palabras, sino dejándonos ejemplo. Jesús, luego de lavar los pies a sus discípulos les dice: “Porque ejemplo os he dado, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis” (Juan 13:15, énfasis añadido). Y les aseguró: “Bienaventurados seréis si las hiciereis” (Juan 13:17).

Cristo es nuestro ejemplo y a Él imitamos. 1 Juan 4:17 determina: “Pues como él es, así somos nosotros en este mundo”. F. F. Bruce, comentando este versículo, afirma que “esta es la evidencia de que la naturaleza divina está implantada dentro nuestro” (Comentario de 1 Juan). En el contexto de este versículo de 1 Juan podemos ver claramente que nos explica que una prueba clara de que somos cristianos es cómo vivimos, no lo que decimos creer. Literalmente, Juan nos dice en este versículo que lo que nos da “confianza para el día del juicio” es que “como él es, así somos nosotros en este mundo”. La Nueva Versión Internacional lo traduce así: “Ese amor se manifiesta plenamente entre nosotros para que en el día del juicio comparezcamos con toda confianza, porque en este mundo hemos vivido como vivió Jesús”.

En lo anterior Juan no está hablando de que nos ganaremos el cielo por nuestras obras humanas, sino que si verdaderamente hemos conocido el amor de Dios este hará su obra completa en nosotros transformándonos a la imagen de Cristo. Por supuesto aquí no habla de perfección, sino de un ejemplo que se va haciendo más y más real en nuestras vidas.

Muchos que dicen ser cristianos pero viven de cualquier manera, al ser confrontados por su pecado, dicen: “No es por obras, es por gracia”. Pero la gracia de la que ellos hablan no es gracia, sino libertinaje. La gracia bíblica sí o sí produce obras. ¿Has sido salvado? ¿Vives en la gracia de Dios? Entonces tendrás obras. Santiago 2:18-19 dice: “Muéstrame tu fe sin tus obras y yo te mostraré mi fe por mis obras. Tú crees que Dios es uno; bien haces. También los demonios creen, y tiemblan”. Para concluir en el versículo 26: “Como el cuerpo sin espíritu está muerto, así también la fe sin obras está muerta”.

Si has sido salvado por gracia, la gracia de Dios te formará a la imagen de Cristo Jesús. ¿Es Cristo tu ejemplo? ¿En este mundo vives como vivió Jesús?