En una oportunidad, cuando estaba enseñando sobre la creación a los niños en la iglesia, uno de ellos levantó su dedo y con el rostro iluminado preguntó: “¿quién creó a Dios?”. Sin duda, la pregunta de este pequeño, que representa la inquietud de muchas personas, es importante de responder. Lo bueno es que encontramos respuesta en Las Escrituras.

Cuando la Biblia comienza, simplemente dice: “En el principio, creó Dios los cielos y la tierra”, Moisés no hace ni un esfuerzo en justificar o argumentar a favor de la existencia de Dios, para él, luego de haber sido llamado por el Dios vivo en medio de la zarza ardiente, no había duda de que su Señor, el único Dios, existía.

¿Cómo existe Dios?

Esa es quizás la cuestión que aquel niño en su sencillo lenguaje quiso expresar. Esta interrogante nos asalta porque todo lo que conocemos en este mundo tiene una existencia limitada y derivada de algo más fuera de sí.

¿Pero Dios?

Dios existe por sí mismo, Él, a diferencia de cualquiera de sus criaturas, tiene una existencia propia independiente, es el Increado, el Eterno, el Autosuficiente, es el “Yo Soy” (Ex 3:14)

La doctrina de la independencia nos enseña que Dios existe por sí mismo y que es independiente en su ser, atributos, decisiones, acciones, etc. No hay nada que Dios sea o haga por lo que deba rendir cuentas a otro, no debemos olvidar que Él es Dios, es el único Dios.

De esta gran verdad derivamos otra desafiante idea: Nosotros, y todo cuanto existe, dependemos totalmente de Dios.

Cuando respiramos, respiramos en Dios, cuando nos movemos lo hacemos en Él, no existimos por nosotros mismos, sino que sólo en el Señor (Hechos 17:28)

¿Cuántas veces hemos pensado y aceptado como cierta la idea de que tenemos existencia propia? Le suenan frases como: “mañana iremos y haremos esto y aquello” “Hasta mañana” o sin decirlo, cuando confiamos en nuestras propias capacidades, en nuestros logros o trabajo, abrigando implícitamente la idea de que existimos como algo natural, la idea podríamos expresarla como: “nuestros padres nos engendraron y existir es algo absolutamente propio de lo que somos”. Eso es presunción y error (Santiago 4:15)

La idea bíblica de independencia no solo nos enseña que Dios existe por sí mismo, sino que por lo mismo hace que todo lo demás dependa de Él. Dobleguemos, por tanto, nuestro corazón al Señor que no solo es nuestro Creador, sino que es también nuestro Sustentador, porque segundo a segundo vivimos porque Él vive y existimos porque Él nos da continuamente la existencia. No lo olvides (Hebreos 1:3).

Conocer y amar esta verdad revelada le da un realce muchísimo mayor a las palabras de Jesús: “Yo soy la vid, ustedes los pámpanos…separados de mí nada podéis hacer”(Juan 15:5). Cristo es no solo un hombre, sino que es uno con el Padre, es Dios verdadero. Entonces, confiar en Él no solo es importante, es vivir o morir.

Jesús no dice que solo podremos hacer algunas cosas separados de Él, sino que radicalmente declara que NADA se puede sin Él. Mi oración es para que aquel niño que me preguntaba hace algún tiempo sobre Dios, así como cada uno de nosotros, podamos crecer en la fe cristiana, para que seamos conscientes y así vivamos cada día en esta maravillosa verdad.


Encargado de la edición Germán Estobar
Fotografía de Patrick Hendry