❝El pastor debe tener dos voces: una, para reunir a las ovejas, y otra, para alejar y ahuyentar los lobos y ladrones. La Escritura le proporciona los medios para hacer las dos cosas. ❞ — Juan Calvino

Hoy se cumplen 506 años del nacimiento de Juan Calvino, hermano amado por muchos, y odiado por otros, sin duda conocer más de la vida de este hombre nos llevará a amarlo como un hermano, ya que el odio es del diablo.
Calvino, fue un hombre débil de Salud y de mente vigorosa, se esmeró en el estudio de Las Escrituras sin todas las prestaciones tecnológicas que hoy tenemos, y vivió una vida de piedad; cometió errores como cualquiera de nosotros (que tanto énfasis le hacen sus detractores, mejor recordemos Mateo 7:2) y que creyó en Cristo y la salvación por la sola gracia soberana, lo cual fue el mayor gozo de toda su vida.

Siempre las personas(Jeremías 17:9) buscarán los errores y amarán lo que otros dicen, y se guiarán por conceptos impuestos por los prejucios de otras personas y no se guiarán por el amor de Dios. El amor de Dios nos llevaría a mirar las escrituras, y ser guiados por el Espíritu Santo en amor.

Se ve mucho en la actualidad el odio hacia posiciones contrarias pero no es muy seguido ver a cristianos usando el filtro que enseña el apóstol Pablo guiado por el Espíritu Santo, a su hijo amado Timoteo, además solo se apela a una mala interpretación de la palabra “contender” en la epístola Judas verso 3 que estudiaremos más adelante. Pablo exhorta en su segunda carta a Timoteo:

No tengas nada que ver con discusiones necias y sin sentido, pues ya sabes que terminan en pleitos. Y un siervo del Señor no debe andar peleando; más bien, debe ser amable con todos, capaz de enseñar y no propenso a irritarse. Así, humildemente, debe corregir a los adversarios, con la esperanza de que Dios les conceda el arrepentimiento para conocer la verdad, de modo que se despierten y escapen de la trampa en que el diablo los tiene cautivos, sumisos a su voluntad.

International Bible Society. (1979). Nueva Versión Internacional (2 Ti 2.23–26). East Brunswick, NJ: Sociedad Bı́blica Internacional.

Las personas que se afanan en mostrar solo el odio en desmedro de las enseñanzas de la Palabra de Dios, están cayendo en un juego peligroso. Pasar por alto la palabra de Dios hará que demostremos que no somos siervos del Señor, ¿Por qué? “Porque el siervo del Señor no debe ser contencioso, sino amable para con todos, apto para enseñar, sufrido”. (2 Ti 2.24 RV1960)

Muchas personas leen por todos lados “discusiones necias y sin sentido (verso 23)”, en las redes sociales proliferan. Más de alguna vez me he entrampado en ellas. Tan débiles somos que muchas veces conociendo estos textos los hemos dejado de lado y por mi parte he mirado solo mis propios criterios y no el amor bíblico, y la guía del Espíritu de Dios. Pero siempre es bueno recordar que todo lo debemos hacer para la Gloria de Dios, no para nuestra propia gloria, vana y perecedera. Siempre seremos tentados a quitarle la gloria a Dios o dejar de mirar el blanco que es Cristo, incluso en nuestras “defensas de la doctrina”, muchas veces solo se convierten en discusiones necias. Es mejor recordar el propósito de la enseñanza del Apóstol y el por qué no ser contencioso o andar en peleas:

“con la esperanza de que Dios les conceda el arrepentimiento para conocer la verdad, de modo que se despierten y escapen de la trampa en que el diablo los tiene cautivos, sumisos a su voluntad. (versos 25-26)”

Les comparto la biografía de este hombre, esperando que pueda ayudarle a conocer en parte su legado y algo de la historia de la iglesia, tan olvidada y tan necesaria de recordar en este último tiempo.

Biografía Juan Calvino.

Juan Calvino(1509–64), el padre de la teología reformada, nació en Noyon . Su padre era notario del obispo y, por ello, Calvino, siendo todavía un niño, recibió una canonjía en la catedral, con lo que pudo pagar por su propia educación. Comenzó a estudiar en la Universidad de París con el fin de ordenarse de sacerdote, lo que le dio la oportunidad de familiarizarse con la teología escolástica, con la filosofía griega y con el humanismo cristiano. Pero su padre, a consecuencia de una discusión que sostuvo con el obispo y los clérigos de la catedral de Noyon, decidió que su hijo estudiara para abogado y lo envió a Orleáns y, más tarde, a Bourges. Fue probablemente allí donde se convirtió al protestantismo. A partir de esta conversión repentina, decidió apartar su mente de lo que había estudiado en París y dedicarse de lleno al estudio de la Escritura y de las enseñanzas de la Reforma.

Al morir su padre, Calvino regresó a París y se unió al grupo de protestantes allí existentes. Tuvo que salir de París y pasó algún tiempo en Italia y en Basilea (Suiza), donde publicó la 1a parte de su Institutio (1536). Por fin, se decidió a trasladarse a Estrasburgo, ciudad protestante casi por entero, pero al pasar por Ginebra, se le acercó Guillermo Farel, el introductor del protestantismo en aquella ciudad, y le persuadió a quedarse con él allí. Bien pronto, debido a la gran oposición que hallaron, se vieron obligados a salir de la ciudad. Calvino se fue a Estrasburgo, donde permaneció tres años (1538–1541), ejerciendo su ministerio entre franceses. Vuelto a Ginebra, permaneció allí el resto de su vida como líder de la Iglesia Reformada.
Aunque era pastor de la iglesia de San Pedro en Ginebra y le ocupaba mucho tiempo la predicación, todavía le quedó tiempo para redactar sus numerosos escritos, pero la obra que le ha hecho famoso fue su Institutio Religionis Christianae, que fue ampliándose desde un pequeño tratado de cinco capítulos hasta llegar a los setenta y nueve que contiene la edición de 1559. Calvino mismo tradujo al francés la obra que había escrito en latín. Tanto en una lengua como en la otra, la obra resplandece por su claridad y lucidez. Ha sido traducida a muchos idiomas, incluyendo el japonés. El impacto de Calvino, con su obra y con su vida, en las iglesias protestantes ha sido, y sigue siendo, colosal.
En su contacto con otros líderes de la Reforma, Calvino se dio cuenta de que la eliminación de las antiguas restricciones impuestas por la Iglesia de Roma había dado paso a especulaciones sin freno, que amenazaban con disolver las normas morales y trastornar la misma paz social. Por eso, para acabar con esa confusión, Calvino se apresuró a establecer las nuevas formas de pensar y obrar como cristianos, basándose sólo en las enseñanzas recién descubiertas de la Biblia y en el poder del Espíritu que se ajustaba a las condiciones de tiempo y lugar reinantes entonces en Europa. FL
Apreciación teológica. Calvino aborda de nuevo el fondo común de la Reforma: La Escritura como única fuente de autoridad divina, el rechazo de la tradición, el cristocentrismo, la omnipotencia de la gracia, la justificación por gracia mediante la fe, la refutación de los sacramentos no instituidos directamente por Cristo, del celibato eclesiástico, de los votos monásticos, del culto a la Virgen y de los santos, y de las imágenes. Pero la gran preocupación de su amor a Dios consiste en que nada pueda empequeñecer a Cristo ni a Dios. Dios debe ser el centro de todo. Calvino profesa un teocentrismo radical. Contra Lutero*, afirma, pues, más claramente la distinción entre la naturaleza humana y la naturaleza divina de Cristo: de otro modo, si una propiedad de la naturaleza humana hubiese podido ser atribuida a la naturaleza divina, la encarnación habría cambiado y empequeñecido a la divinidad. La naturaleza divina posee la ubicuidad y está, por tanto, en todas partes. La naturaleza humana, en cambio, no la posee y el cuerpo de Cristo tampoco. En consecuencia no hay ni la transubstanciación* católica ni la presencial real luterana. El pan y el vino son los signos visibles de la promesa de alianza que Cristo nos ha hecho. Pero es allí donde el amor, que hace desear la fusión con Dios, separa a Calvino de Zuinglio*. En el momento en que el fiel toma el pan y el vino, consagrados por la Palabra y con fe en la Promesa, Cristo le hace participar efectivamente de su carne y de su sangre. Cristo se hace realmente nuestro y nos ofrece su muerte y su resurrección, la redención, la santificación y la vida eterna.
Este impulso amoroso que subyace en la teología de Calvino hace que elaborara de una forma absoluta la teoría de la predestinación, que no cuestiona racionalmente las razones del Amado. Lutero y Bucer habían debilitado la creencia en la predestinación fundándola en la presciencia divina: Dios conoce el porvenir y sabe lo que ocurrirá a cada individuo; en consecuencia presciencia y predestinación coinciden. Pero así parece que se establece un vínculo de causa a efecto entre presciencia y predestinación. Parece que Dios esté obligado a hacer lo que ha previsto; en consecuencia, no es exactamente Todopoderoso. Ello es intolerable para un amor ardiente y delicado. «Para Calvino, Dios es libre y lo que él prevé no se confunde con lo que desea de toda eternidad» (Roland Mousnier). La gracia es irresistible y el hombre no la puede repeler; se manifiesta en la vida del elegido por el gusto hacia la doctrina y las obras de fe.
La Iglesia fue instituida para ayudar a nuestra santificación. Existe una verdadera iglesia allí donde la Palabra divina es puramente predicada, donde los sacramentos son administrados según la institución de Cristo. La iglesia no debe tolerar el error, el desorden, ni el escándalo, lo que equivaldría a injuriar a Cristo. La iglesia debe colaborar con el magistrado, que tiene el deber de hacer respetar los mandamientos divinos, pero ambos poderes deben estar separados: no es precisa la teocracia. En este punto, Calvino se aleja de Lutero, que, de hecho, había sometido la Iglesia al Estado; y de Zuinglio que había confundido Iglesia y Estado. La obediencia al Estado está supeditada al Dios del Estado. «En más de un país la única fuerza que se ha podido resistir a la idolatría moderna del Estado; y entre las iglesias cristianas que se han mostrado más poderosas para oponerse a estos atropellos a la conciencia religiosa, se encuentran las de origen calvinista» (B. Foster Stockwell).
Calvino es sólo comprensible a la luz de su vehemente corazón cristiano y la profunda piedad de su alma. «Teniendo en cuenta todas sus faltas, Calvino puede considerarse uno de los hombres mejores y más grandes que Dios haya levantado en la historia del cristianismo» (Philip Schaff, historiador americano). «Como teólogo, reformador, político y organizador pertenece al número exiguo de los genios y de los profetas» (J. Ma G. Gómez-Heras, teólogo católico español). Otros le consideran con sobrada razón el san Pablo de la Reforma.
En el campo de la exégesis bíblica es, indudablemente, uno de los mejores exponentes de la Escritura de todos los tiempos. A su conocimiento de la teología, une el de la patrística, el dominio de las lenguas originales y la facilidad de expresarse con precisión y claridad. AR
Bib. Juan Calvino, Epístola a los Romanos (SLC); Epístola a los Hebreos (SLC); Comentario a las epístolas pastorales de San Pablo (TELL); Sermones sobre Job (TELL); Sermones sobre la obra salvadora de Cristo (TELL); Institución de la religión cristiana, 2 vols. (FeLIRE); Breve instrucción (FeLIRE); Respuesta al cardenal Sadoleto (FeLIRE); Sumario de la Institución de la religión cristiana (realizado por el Dr. B. Wielenga, CLIE); Libro de oro de la verdadera vida cristiana (CLIE, Terrassa 1991).
Joan Gomis, Calvino, una vida para la Reforma (Planeta, Barcelona 1993); J. T. Hoogstra, J. T. Juan Calvino, profeta contemporáneo (CLIE, Terrassa 1974); C. H. Irwin, Juan Calvino. Su vida y su obra (CUPSA / CLIE, edición original 1909); Jesús Larriba, Eclesiología y antropología en Calvino (Cristiandad, Madrid 1975); Thea Van Halsema, Así fue Calvino (TELL, Grand Rapids, 1965).

Lacueva, F. (2001).Diccionario teológico ilustrado. Tarrasa, Barcelona: Clie.