“Sin leña se apaga el fuego, Y donde no hay chismoso, cesa la contienda. El carbón para brasas, y la leña para el fuego; Y el hombre rencilloso para encender contienda. Las palabras del chismoso son como bocados suaves, Y penetran hasta las entrañas”. (Prov. 26.20-22)

“Odio la murmuración y sobre todo al hermano Juanito que es un murmurador empedernido, aparte que es tan feo el pobrecito y tan flaco como si fuera un tallarín, sus orejas parecen dos antenas parabólicas, y sus dientes ni hablar. Bueno, yo le cuento esto a usted no para hablar mal del hermano Juanito, si no para que oremos por él. Para que el Señor le regale un trasplante de cabeza o se lo lleve al cielo”.

¿Le parece familiar esta conversación?

Cuántas veces hemos sido víctima de este flagelo, fruto de nuestra carnalidad.

Estoy seguro que si hay un pecado que caracteriza a la iglesia Latinoamericana, es la murmuración. Es un deleite para nuestros oídos mundanos, un pecado tan sutil, lleno de veneno y autojustificación. Se esparce como si fuera una Pandemia, contaminando, enfermando, debilitando, dividiendo, anulando, condenando sin derecho a defensa, más aun, matando a muchos niños en la fe, incluso a los que creen estar firmes.

A veces la ignorancia y la falta de discernimiento nos llevan a pensar que en medio de la congregación no se dan estas cosas, pero si analizamos en detalle, nos sorprenderemos al darnos cuenta de que muchos están sumidos en este terrible mal llamado “murmuración”.

¿QUÉ ES LA MURMURACIÓN?

En el diccionario de la RAE el significado de murmuración es:

– Hablar entre dientes, manifestando queja o disgusto por alguna cosa.

– Hablar mal de alguien a sus espaldas.

– Conversación en perjuicio de un ausente.

El sinónimo de murmurador es “chismoso”.

Tiene su raíz en el Hebreo raquíl = que critica, que viaja por todos lados calumniador, murmurador, chisme, chismear, chismoso.

“En un mundo donde la información es un arma y donde incluso es el código de la vida, el chisme es como un virus, el peor de todos, ya que destruye el sistema inmunológico de la víctima”. Jacques Attali

Un hecho verdadero amplificado en el parlante de la exageración o de la condena se convierte en murmuración; o puede ser una falsedad; en ese caso recibe el nombre de calumnia. Comúnmente un chisme no discierne si lo expresando es verdadero o falso. Lo que busca una murmuración es gritarlo a los cuatro vientos como secreto a voces, provocando un escarnio de la víctima de la murmuración.

Si hay algo que nos parece mal de parte de alguien, mejor es decirlo directa y personalmente, con la misma valentía con la que se está dispuesto a chismear y comentarlo por todas partes.

¿Qué dice la Biblia respecto a la murmuración ?

“Pues todos caemos muchas veces. Si alguno no cae al hablar, ése es un hombre perfecto, capaz de refrenar todo su cuerpo.” Santiago 3:2 (Biblia Jerusalén, NBJ)

Proverbios 16:28, “Y el chismoso aparta a los mejores amigos”.

Prov. 18:8, “Las palabras del chismoso son como bocados suaves, Y penetran hasta las entraña”.

¿Por qué ocurre la murmuración?

Muchas veces la murmuración se disfraza de preocupación, porque nos hace creer que busca rectitud y justicia, pero, siempre veremos que su intención es la autoexaltación y la destrucción del prójimo.

Dios nos dice en su Palabra que los que murmuran solo buscan satisfacer sus propios intereses: Judas 1:16  – “Estos son murmuradores, querellosos, que andan según sus propios deseos…”

El que te habla de los defectos de los demás, con los demás, habla de los tuyos”. Diderot Denis

Cuántas amistades han sido destruidas por un chisme. Aquellos que caen en la trampa de la murmuración se enredan en las arenas movedizas del pecado, provocando dificultades, causando ira y amargura, sin mencionar las heridas sicológicas y emocionales.

Tristemente el mundo ha hecho un negocio de la murmuración, como la prensa rosa y amarillista. Un cristiano genuino y verdadero no puede ni debe involucrarse en estas prácticas pecaminosas.

La consecuencia de este pecado está en contra de la santidad de Dios.

“No andes difundiendo calumnias entre tu pueblo, ni expongas la vida de tu prójimo con falsos testimonios. Yo soy el Señor”. Levítico 19:16

¿Qué hacer con la murmuración?:

Recuerdo una frase que me enseñaron en mis primeros años de cristiano: “no seas tacho basurero de nadie”, creo que esa fue una aplicación gráfica para cuando alguien me traía algún chisme de alguien.

Las personas murmuradoras existen por culpa de la atención que usted y yo les podemos dar. Si los ignoramos, su extinción será inminente.

El orden bíblico para cuando nos quieran hablar mal de algún hermano: dígale que usted va a llamar a esa persona para confrontarlos y usted será el testigo; verá que el chismoso se excusará, porque el murmurador quiere permanecer en el anonimato, pues aparentan ser piadosos.

Si esa persona insiste en la murmuración, pida una reunión con el pastor o algún líder espiritual y déjele saber quiénes son esos chismosos, y esté dispuesto a estar presente en una reunión para desenmascararlos.
Comúnmente esta práctica pecaminosa es la que más debilita la comunión del cuerpo de Cristo, pero tenga presente que “las puertas del infierno no prevalecerán en contra la Iglesia”. Las cuales son palabras del mismo Cristo.