Por mucho que haya habido exposiciones sobre Jesús y la mujer Samaritana, es difícil tener una visión amplia de la situación en que se origina esta conversación.

“Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren.  Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren”. Juan 4.23-24

Observemos el catecismo menor de Westminster en su pregunta número 4, que dice ¿Qué clase de ser es Dios?

Responde: Dios es Espíritu, Es infinito, eterno e inmutable: en su ser, sabiduría, poder, santidad, justicia, bondad y verdad.

Notemos la importancia que da la Escritura y el catecismo a uno de los atributos quizás más difíciles de comentar y analizar. ¡Dios es Espíritu! El hombre a través de la historia siempre ha sido un ser religioso. Está implantado en el corazón del ser humano la semilla de la religión y por ende el hombre ha querido igualar la divinidad a la creación a causa del pecado. La creación es a lo único que puede igualar el hombre a Dios después de la caída. En Romanos 1: 23 dice “Y cambiaron la gloria del Dios incorruptible en semejanza de imagen de hombre corruptible, de aves, de cuadrúpedos y de reptiles”.

Dios no puede ser igualado a nada que podamos ver, Dios es mucho más allá de nuestras capacidades sensoriales. No podemos asignarle a Dios estatura, edad, peso ni forma. Todo esto es incapacidad del hombre por poder encasillar a Dios en algún tipo de molde mental de masa y/o espacio. Solo la asistencia del Espíritu Santo hablando a nuestra espiritualidad rota y débil, puede llevarnos a conocer en parte este atributo del Ser divino.

La adoración entonces que demanda Dios es la de aquel hombre que ha conocido la verdad del Evangelio, uniéndose espiritualmente a Cristo como mediador para llevarlo al Padre, dejando su carnalidad y amor por la temporalidad, para ahora ser parte de los propósitos del Eterno y desechar el viejo hombre que anhelaba y echaba mano a los propósitos viles de este mundo.

Romanos 1:25 nos habla claramente de cuando adoramos en pecado “ya que cambiaron la verdad de Dios por la mentira, honrando y dando culto a las criaturas antes que al Creador, el cual es bendito por los siglos. Amén”.

Wayne Grudem dice lo siguiente con respecto a la espiritualidad de Dios: “Mas bien debemos decir que Dios es espíritu. Sea lo que sea que eso signifique, es una clase de existencia que no se parece a ninguna otra cosa en la creación. Es una existencia muy superior a nuestra existencia material. En este punto podemos definir la espiritualidad de Dios: Cuando se habla de espiritualidad de Dios se quiere decir que Dios es un ser que no está hecho de ninguna materia, no tiene partes ni dimensiones, no lo pueden percibir nuestros sentidos corporales y es más excelente que toda otra clase de existencia”.

La espiritualidad de Dios nos demanda a no atribuirle a Dios forma humana ni ninguna otra que pudiere haber en la creación. Dios es Espíritu, es una declaración que nunca dejará de chocarnos, porque todo queremos controlarlo, todo lo encasillamos, todo lo medimos, todo lo cuantificamos. Que Dios sea Espíritu significa que es indomable e imposible de ser manipulado por ser alguno, nuestras manos no pueden aprisionar, detener o cambiar la naturaleza divina. Su Persona es quien nos transforma completamente, para algún día despertar a Su semejanza (Salmo 17:15)


Catecismo Menor de Westminster
Doctrina Bíblica. Wayne Grudem. P. 86

Fotografía por Viktor Jakovlev