Cuando era niño mi madre solía decirme que debía tener mucho cuidado cuando caminara por la calle, ya que siempre existía el peligro de ser asaltado por ladrones callejeros. Ella creía que existían formas de identificar a los delincuentes.

En primer lugar, decía, fíjate en su forma de vestir. Ellos suelen usar ropa ligera, preferentemente zapatillas, y evitan usar grandes bolsos para arrancar con mayor rapidez. Llevan algún tipo de gorro y/o lentes de sol para cubrir sus rostros.

En segundo lugar, observa también su manera de actuar. Constantemente miran alrededor para ver si hay algún policía. Caminan como si los estuvieran siguiendo. Andan en grupos. Evitan el contacto visual directo.

Mi madre me mandó que si reconocía a alguien con estas características, debía alejarme de allí porque podía ser peligroso. También me ordenó que estuviera siempre atento y que no anduviera distraído en la calle.

Ella me dio estas advertencias porque me amaba y quería protegerme. Del mismo modo, Dios, quien ama a cada uno de Sus hijos, nos advierte en Su Palabra sobre criminales aún más peligrosos que los ladrones callejeros: los falsos maestros.

Dios también nos ha dado muchas formas para identificarlos. Y Él no solamente quiere que seamos advertidos, protegidos y que nos alejemos de ellos (2 Juan 1:10-11). Él también nos ha mandado a todos los cristianos, y en especial a los pastores, a que les confrontemos y denunciemos públicamente (Tito 1:7-11), con nombre y apellido, si es necesario (1 Tim 1:19-20).

El Propósito de esta Serie

La razón principal por la que decidí escribir esta serie es, porque es un mandamiento bíblico el refutar maestros falsos y sus enseñanzas. Y me sorprende que tantos cristianos actúen como si fuera un pecado grave el poner en práctica este mandamiento.

Pablo le dijo a Timoteo que era necesario que el obispo sea “retenedor de la palabra fiel tal como ha sido enseñada, para que también pueda exhortar con sana enseñanza y convencer a los que contradicen. [A quienes] …es preciso tapar la boca” (Tito 1:7-11).

Asimismo Judas, en un contexto de falsos maestros, nos dice que debemos “contender ardientemente por la fe” (Judas 1:3).

Una segunda razón por la que decidí escribir esta serie es, porque veo que hay un malentendido general sobre el tema de los falsos maestros. Esto es evidente por la forma en que muchos cristianos responden cuando se denuncia a apóstatas, aun cuando se presenten pruebas. A continuación voy a presentar algunas de las típicas razones que muchos dan para oponerse a este mandamiento.

  1. “No juzguéis, para que no seáis juzgados” (Mateo 7:1).

Este pasaje no prohíbe todo tipo de juicios, sino, solo el juicio hipócrita.

  1. Solo Dios sabe si son falsos.

Esta declaración no es cierta. Jesús dijo que seríamos capaces de reconocer a los falsos profetas por medio de las obras de ellos. El Señor dijo, “Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces. Por sus frutos los conoceréis.” Mateo 7:15-16

  1. ¿Y tú cuantas almas has ganado?

La respuesta a esta pregunta no tiene relevancia cuando existen pruebas de la falsedad de un individuo.

  1. Solo ora por ellos.

Podemos orar por los falsos maestros pero el mandamiento dice que debemos refutarlos, denunciarlos y tapar sus bocas.

  1. Los incrédulos están viendo lo que haces.

Esto es una pena pero es algo que no podemos evitar. Cuando los errores se divulgan públicamente, de la misma forma deben ser refutados.

6. No tienes amor. Tienes que amar a tu prójimo.

Confrontar el error es una muestra de amor por los que están siendo engañados.

7. Tienes envidia.

Los mismos que exigen que no se juzgue son aquellos que juzgan sin tener pruebas. Criticar y denunciar el error no es sinónimo de envidia.

Una tercera razón es porque he notado que muchas veces se obedece este mandamiento pero se hace de mala manera. Algunos ejemplos de esto, son cuando:

– Se les critica injustamente.

– Se les saca de contexto.

– Se les critica por cosas sin importancia.

– Se les trata de forma excesivamente burlesca y despectiva.

            Una última razón tiene que ver con rescatar a aquellos que están siendo influenciados por falsos maestros. Judas 22-23 dice, “A algunos que dudan, convencedlos. A otros salvad, arrebatándolos del fuego; y de otros tened misericordia con temor, aborreciendo aun la ropa contaminada por su carne.” John MacArthur dice lo siguiente sobre estos versos:

“Estas víctimas de los maestros apóstatas necesitan misericordia y paciencia porque todavía no han llegado a una conclusión firme en cuanto a Cristo y la vida eterna, así que todavía dudan pero pueden ser convencidos para arraigarse en la verdad.
Otros se han comprometido a seguir los errores enseñados por los apóstatas y necesitan atención inmediata y directa antes de desviarse de forma irreversible en el camino ancho que lleva al infierno como resultado de haber acogido los engaños y las mentiras satánicas.
Este tercer grupo (v. 23b) también necesita compasión y misericordia aunque ya se han dejado contaminar del todo por la enseñanza apóstata. Estas personas necesitan recibir el evangelio verdadero pero con gran temor para tener cuidado y evitar que la persona que intente ayudarlas en su liberación también termine contaminada.”

El Método de esta Serie

Estoy convencido de que hay suficientes pruebas para determinar sin lugar a dudas que los hombres que se incluirán en esta lista son falsos maestros. Y mi convicción viene de un patrón de desobediencia, herejías y blasfemias que estos individuos han mostrado por años. Muchos lugares en la Biblia y en especial las cartas de 2 de Pedro y Judas nos describen claramente las características de estos hombres impíos, características que muestran un estilo de vida marcada por la desobediencia, la soberbia, la irreverencia y la hipocresía. Características que charlatanes como Dante Gebel, Marcos Witt o Cash Luna han mostrado una y otra vez.

La idea es imitar a los de Berea, quienes escudriñaban cada día las Escrituras para ver si las enseñanzas que escucharon eran bíblicas (Hechos 17:10-11). El objetivo es probar a aquellos que dicen representar a Dios y oponerse a aquellos que mienten (Apocalipsis 2:2). La meta es hacerlo de manera objetiva, y no emocional como muchos, mediante un uso correcto de las Escrituras y un análisis serio, justo, documentado y detallado de las enseñanzas de estos apóstatas.

No solo tenemos muchos pasajes que nos mandan a oponernos a estos lobos rapaces sino que también tenemos ejemplos de cómo hombres de Dios, incluyendo nuestro Señor Jesucristo, confrontaron a estos hombres que solo tienen apariencia de piedad (2 Tim 3:5).

Algunos de estos ejemplos incluyen al profeta Elías, quien confrontó, se burló y degolló públicamente a los profetas de Baal (1 Reyes 18:1-40).

Tenemos también el ejemplo de Cristo mismo que condenó a la vista de todos a los escribas y a los fariseos, tildándolos con fuertes epítetos tales como hipócritas, hijos del infierno, insensatos, ciegos, necios, sepulcros blanqueados, serpientes y generación de víboras (Mateo 23).

Y qué decir de la forma en que el Apóstol Pablo trató con Barjesús, el mago y falso profeta judío que le resistía y que procuraba apartar de la fe al procónsul Sergio Paulo. Hechos dice que “Pablo, lleno del Espíritu Santo, fijando en él los ojos, dijo: !!Oh, lleno de todo engaño y de toda maldad, hijo del diablo, enemigo de toda justicia! ¿No cesarás de trastornar los caminos rectos del Señor? Ahora, pues, he aquí la mano del Señor está contra ti, y serás ciego, y no verás el sol por algún tiempo. E inmediatamente cayeron sobre él oscuridad y tinieblas; y andando alrededor, buscaba quien le condujese de la mano” (Hechos 13:6-11).

¿Y qué de cuando Pablo entregó a Himeneo y Alejandro a Satanás para que aprendieran a no blasfemar? (1 Tim 1:20).

¿Fue falta de amor lo que motivó a estos varones de Dios a condenar a estos pseudo-cristianos de forma tan severa?

¡No! Fue su abundancia de amor por los engañados lo que los impulsó a hacerle frente a estos individuos que “no sirven a nuestro Señor Jesucristo, sino a sus propios vientres, y con suaves palabras y lisonjas engañan los corazones de los ingenuos” (Rom 16:18).

Yo creo que este tono firme usado en contra de falsos profetas debe ser el mismo que nosotros debemos usar. Es absurdo pensar que un pastor literal de ovejas, trate con delicadeza y respeto a los animales salvajes que vienen a devorar el rebaño a su cargo. Lo lógico es que tome su vara y les haga frente a los lobos, obligándoles a huir. Lo mismo debe hacer un pastor fiel de una iglesia en sentido espiritual.

Estamos en tiempos peligrosos, y por lo tanto, no podemos quedarnos sin hacer nada. No podemos darnos el lujo de dejar que estos mentirosos engañen, manipulen y lucren con la fe de manera tan inescrupulosa y sin ningún tipo de oposición seria.

Es tiempo de que el pueblo de Dios se levante y alce la voz sin temor ante las amenazas infundadas de estos hipócritas. Y el primer hipócrita que será expuesto en esta serie es Dante Gebel.

Es mi oración que Dios use esta serie para animar, advertir y exhortar a muchos cristianos y para salvar a las víctimas de estos terroristas espirituales.


Recursos sobre Falsos Maestros y Textos fuera de Contexto
Sermones
Patología de los falsos maestros — John MacArthur
Artículos
¡No toques al ungido del Señor! — Josef Urban
Juzgar o no juzgar, defender o no defender, esta es la cuestión — Andrés Ferrer
Una mirada bíblica al evangelio de la prosperidad — Gerson Morey
Libros
Cristianismo en Crisis: Siglo 21 — Hank Hanegraaff
Verdad en Guerra — John MacArthur