Hay cada vez más presión para ser políticamente correctos en todo lo que creemos y decimos. Vivimos en una sociedad en donde hemos sido testigos de los extremos de abusos tanto de hombres como de mujeres.  Por un lado los hombres hemos mal usado nuestra posición al oprimir y subyugar a las mujeres en el machismo.  Por otro lado las mujeres han reaccionado al machismo con el feminismo yendo en contra de toda autoridad masculina convirtiendo los papeles que desempeñamos en una competencia para comprobar que la mujer también puede ha desechado y menospreciado los papeles tradicionales de la mujer como el criar a los hijos y ser ama de casa por ser visiones “anticuadas” de la feminidad.

Al paso de las décadas la iglesia ha sentido la presión de conformarse a un concepto de géneros que cada vez más ignora las diferencias entre lo que significa ser hombre y lo que significa ser mujer.  Aunque los roles y responsabilidades dadas por Dios son claros desde la creación y confirmadas por Jesús y los apóstoles (Mateo 19:4-6; 1 Corintios 11:3-12; 1 Timoteo 2:8-15; Efesios 5:22-33; 1 Pedro 3:1-7) y ahora la iglesia está cediendo ante la influencia cultural de ignorar las diferencias diseñadas por Dios en lugar de celebrarlas como el complemento de responsabilidades tanto en la familia como en la iglesia.

En la familia

Yo no estoy en contra de que la esposa en un matrimonio trabaje.  El problema es cuando la esposa asume la responsabilidad principal de proveer para el hogar. Si el padre está ausente no hay opción.  Sin embargo no es el ideal del diseño original divino para la familia. El esposo y padre debe asumir la responsabilidad y privilegio principal de proteger y proveer para su familia, tanto física como espiritualmente. La esposa debe gozarse en el liderazgo de su esposo y apoyar sus responsabilidades complementándolas con las áreas de cuidado y atención amorosa de una sumisión alegre y voluntaria.  El esposo y la esposa se complementan en las responsabilidades dadas por Dios.  No compiten para ver quién las arrebata por su superioridad o capacidad.

En la iglesia

Cada vez hay más iglesias en donde, principalmente por la falta de liderazgo e iniciativas masculinas, la mujer tiene la responsabilidad principal de enseñar, cuidar y guiar a la congregación.  Nuevamente, el problema real no es la falta de capacidad en las mujeres, sino la falta de responsabilidad en los hombres.

El problema real no es la falta de capacidad en las mujeres, sino la falta de responsabilidad en los hombres.

El orden que debe existir de liderazgo y sumisión fue establecido por Dios, no por nosotros.  Y este orden no tiene nada que ver con superioridad y valor sino simplemente con responsabilidades y roles diferentes.
La Biblia muestra claramente que el hombre debe asumir la principal (no única) responsabilidad de liderazgo y enseñanza en la iglesia.

En la sociedad

La más reciente consecuencia visible de ignorar en lugar de celebrar las diferencias dadas por Dios entre el hombre y la mujer es la aceptación y promoción de las relaciones homosexuales.  Si las diferencias entre géneros no importan o pueden ser ignoradas en lugar de complementarse y ser celebradas, entonces cuando se trata de atracción y conducta sexual, dos hombres o dos mujeres pueden funcionar exactamente igual a una pareja heterosexual (a pesar de la obvia incompatibilidad física y reproductiva).

El reto

Nos encontramos ante el gran reto de ser fieles a las escrituras en la manera en que entendemos a Dios y a nosotros mismos.  Si Dios mismo está haciéndonos el llamado al liderazgo y a la sumisión de una manera distinta para hombres y para mujeres, ¿quiénes somos nosotros para decirle a Dios que nos ha creado con el sexo erróneo?  Todos (tanto hombres como mujeres) debemos aprender a ser líderes y a someternos en diferentes áreas. Pero esas áreas se relacionan de una manera muy peculiar entre hombres y mujeres, especialmente en la familia, la iglesia y la sociedad.

Si aprendemos a celebrar las diferencias como complementos mutuos en lugar de ignorarlas como degradantes y erróneos estorbos de Dios, comenzaremos a ver un panorama de diseño divino para reflejar el evangelio (Efesios 5:31-32) y dar la gloria a un Dios de orden quien nos redimió para mostrar la unidad y complementarismo que existe en la diversidad, en las fuerzas y debilidades, y en las responsabilidades y dones dadas a cada quien.


Para un estudio más profundo sobre la masculinidad y feminidad bíblica:
Recovering Biblical Manhood and Womanhood editado por Wayne Grudem y John Piper (en inglés solamente)
Distintos por Diseño por John MacArthur de Editorial Portavoz
Reformando el Matrimonio por Douglas Wilson de Publicaciones Faro de Gracia
Pacto Matrimonial por John Piper de Tyndale House Publishers