Los que hemos inquirido en la Palabra de Dios sabemos que en sus páginas, Israel es considerado como “el pueblo de Dios”, vemos a lo largo de La Escritura cómo Dios santifica, protege, sustenta y preserva a este pueblo. La pregunta es: ¿Por qué Dios se muestra con tal consideración y amor si era un pueblo insignificante, rebelde y contradictor? Tal como Dios mismo lo declara: “No por ser vosotros más que todos los pueblos os ha querido Jehová y os ha escogido, pues vosotros erais el más insignificante de todos los pueblos” (Deuteronomio 7:7).

La razón por la cual Dios cuidó tanto al pueblo de Israel y mostró este asombroso amor, es porque Dios dispuso que de ese linaje viniera el Redentor, el Mesías anunciado desde el principio de los tiempos, la “Simiente de la mujer” que terminaría con la obra de Satanás (Gen 3:15).

Dios dispuso desde la eternidad llevar a cabo su plan de redención por medio de su Hijo amado Jesús, a quien ungió, para hacer cuanto su mano y su consejo habían antes determinado que sucediera (Hch 4:27-28). Dios estableció el año, el mes, el día y la hora para enviar a su Hijo amado nacido de mujer y nacido bajo la ley, para redimirnos y para adoptarnos como hijos (Gál 4:4-5), o como se lo anticipa y promete a Abraham “en tu simiente bendeciré a todas las familias de la tierra” (Gen 12:3). Simiente la cual es Cristo (Gal 3:16).

Primero vemos a Abel como el inicio del linaje, pero al recibir muerte por mano de su hermano Caín, Dios puso un sustituto, Set (Génesis 4:25), pero Dios al ver que este linaje se empezó corromper al mezclarse con los hijos de los hombres y perder su pureza, decidió destruirlo por medio del diluvio universal (Gen 6:5), hallando Noé gracia ante los ojos de Dios para conservar el linaje escogido (Gen 6:8)

Después del diluvio, Dios llamó a Abraham, que fue descendiente de Sem hijo de Noé, que fue descendiente de Set hijo de Adán para que de sus lomos saliera el pueblo hebreo. Como bien sabemos Israel (Jacob) fue nieto de Abraham. Este pueblo era tan pequeño que cuando llegaron a Egipto eran solo unas 70 personas, pero se convirtió en pueblo numeroso al grado que llegaron a ser alrededor de dos millones de judíos cuando salieron de Egipto 430 años después.

Es importante notar que cuando lleva a este pueblo camino a la tierra prometida Dios les prohíbe tajantemente mezclarse con los pueblos paganos, al grado que cualquiera que tomara cónyuge que no fuera del pueblo quedaba sentenciado a muerte (Éxodo 34:15-16).
*Nota: Para Dios es de suma importancia conservar la pureza del linaje, pues como ya lo he mencionado fue el conducto que Él mismo dispuso para que viniera el Mesías. Esto del linaje lo podemos ver en Mateo 1:1-17 ¡Yo en mis inicios como lector de la Biblia me preguntaba por que estaba allí una tediosa lista de nombres, y la verdad no le veía sentido ni mayor importancia, hasta que Dios en su misericordia y gracia me hizo comprender esto que trazo en este artículo! Es tan importante para Dios esto del linaje, que aún hoy para los cristianos está vigente esta prohibición de mezclarse con los paganos y conservar puro este linaje real no debemos hacer yugo desigual.
Podría comentar mucho más al respecto de cómo Dios ha concedido gracia a Israel, pero el punto central de este escrito es: ¿cómo debe considerar un cristiano al pueblo de Israel?, ¿Israel es un referente para los cristianos?
Mi posición de acuerdo a todo el panorama bíblico es esta: Un cristiano debe considerar a Israel de la misma manera que debe considerar a todos los hombres y mujeres que fueron usados por Dios para llevar a cabo sus propósitos eternos, ni más, ni menos, pues se corre el riesgo de sobre valorar y dar mérito a quien no lo merece rayando en la idolatría, y el ejemplo más claro que tenemos de esto es María la madre de Jesús. María, para muchos es un icono, un estandarte, es exaltada al grado de tenerla por semidiosa, llegando a llamarle “co-redentora con Cristo” y la tienen por digna de veneración y confianza (está de más decir que esto es anti bíblico, pernicioso y herético).

Pero tristemente hay grupos “evangélicos” que tienen a Israel al mismo grado que los marianos tienen a María, dándole un nivel de dignidad y reverencia que de ninguna manera tiene ni merece y poniéndolo como un elemento crucial en la vida no solo de los cristianos sino del mundo entero, hay quienes llaman a Israel “El reloj profético de Dios”.

Estos grupos “evangélicos” usan en sus cultos la bandera de Israel, su lenguaje, costumbres, vestimenta danzas y enseres como el menorah, shofar, talit, kipá, etc. dando un sobre énfasis a este grupo étnico, que dicho sea de paso debemos respetar y amar como nuestros prójimos, pero que desafortunadamente lo han utilizado de mala manera (como a María) al punto que conducen (tal vez por ignorancia) a judaizar, y judaizar es exactamente lo que prohíbe la escritura en muchas partes, pero más enfáticamente en la carta de Pablo a los Gálatas.
De la misma manera que la práctica de los marianos, esta práctica, consideración y admiración judaicas son anti bíblicas, perniciosas y heréticas que rayan en la idolatría y desde luego en la blasfemia pues es una especie de desprecio a Cristo y al propósito eterno de Dios.

Si tuviéramos la diligencia de escudriñar para comprender el gran panorama bíblico, llegaríamos a la conclusión como cristianos, que ni María, ni Israel, merecen mayor atención, pues solo fueron utensilios de Dios para llevar a cabo su propósito eterno, traer al Mesías Redentor, por esto es que la escritura dice que “la salvación viene de los judíos” (Juan 4:22), no porque los judíos tengan algún mérito sino que Cristo, el único que merece toda la gloria, viene de ese linaje.

Amemos, sí, a Israel, pero no participemos de nada que coloque en segundo término, desvié la mirada u empañe la gloria de Cristo, pues solo hay un Nombre que es sobre todo nombre el cual es el único digno de exaltar, Jesucristo.

Conclusión… ¡No! Israel no es un referente para los cristianos, nuestro referente es Cristo y Su Palabra revelada por Su Espíritu.