“Juzgar”, en la Biblia, no solo significa sentarse como juez y emitir sentencias, sino que también se refiere a discernir, hacer diferencia entre lo bueno y lo malo: ¿Y por qué no juzgáis por vosotros mismos lo que es justo? Lucas 12:57.

A la luz de esta verdad que la Biblia nos revela, podemos entender muy bien lo siguiente: no solo podemos juzgar, sino que juzgar es nuestro deber delante de Dios. Puesto que estamos en un mundo totalmente corrompido por todas partes, lleno de engañadores y falsos maestros, es nuestro deber a diario hacer diferencia entre lo Bíblico y lo antibíblico y proclamarlo. De otra manera, si no juzgamos todas las cosas a la luz de la Biblia, ¿cómo podemos saber que hacemos la voluntad de Dios? No hay manera alguna, porque solo la Biblia nos revela el contraste verdadero entre lo bueno y malo.

¿Se contradicen Mateo 7:1 y Juan 7:24?

Como diría Pablo: en ninguna manera. Mateo 7:1, dentro de su contexto (Mateo 7:1–5) nos explica bastante bien lo que Jesucristo nos quiere decir: no juzguen como los hipócritas, que juzgan para aparentar ser espirituales mientras deshonran a Dios con sus vidas.

Entonces, el mandamiento en Juan 7:24 “No juzguéis según las apariencias, sino juzgad con justo juicio.” nos afirma lo mismo que Mateo 7:1–5, que debemos juzgar exactamente como nuestro Señor Jesús lo hacía: estando Él mismo en santidad, y siempre con la justicia que viene de Dios, llena de misericordia.

Sin embargo, hay ocasiones en que los juicios son severos por causa de pecados muy graves, como es el caso en 1 Corintios 5:1–5 “…el tal sea entregado a Satanás para destrucción de la carne, a fin de que el espíritu sea salvo en el día del Señor Jesús.” pero el fin sigue siendo el mismo: juzgar con justo juicio a fin de que hagamos la voluntad de Dios que “…quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad.” 1 Timoteo 2:4. Así que cuando juzguemos, siempre debe ser con la intención de guiar a las personas al arrepentimiento, a los pies de nuestro Señor Jesucristo.

Juzgar, entonces, es tanto discernir como emitir sentencias, y los cristianos debemos hacerlo siempre con el propósito de glorificar a Dios, y nunca con el fin de condenar a nadie. Cuando juzgamos con justo juicio estamos proclamando la justicia y la misericoridia de Dios, estamos proclamando la verdad de la Palabra de Dios mientras nosotros mismos nos sujetamos a Ella en humilde obediencia. Juzgar no es otra cosa que imitar a nuestro Señor Jesucristo.

“Si, pues, tenéis juicios sobre cosas de esta vida, ¿ponéis para juzgar a los que son de menor estima en la iglesia? Para avergonzaros lo digo. ¿Pues qué, no hay entre vosotros sabio, ni aun uno, que pueda juzgar entre sus hermanos, sino que el hermano con el hermano pleitea en juicio, y esto ante los incrédulos?” 1 Corintios 6:4–6.

¿Te has encontrado con personas que no conocen la diferencia entre discernir y juzgar? ¿Las veces que juzgas algún acto lo haces con justo jucio? ¿Conoces Las Escrituras para juzgar con justo jucio?