El libro fue originalmente publicado en inglés bajo el título “The discipline of Spiritual Discernment”, escrito por Tim Challies, publicado en español por el editorial Unilit. Sea lo que sea que hacemos, decimos, escogemos, día tras día necesitamos discernimiento. Eva necesitó discernimiento cuando la serpiente la tentó mintiendo, diciéndole que si comía de la manzana sería como el Altísimo.

Discernimiento Tim Challies¿Tenemos el discernimiento? ¿Sabemos que es el discernimiento? El autor de este libro trae varias definiciones sobre que es el discernimiento, la definición más extensa dice que “el discernimiento es un proceso de reflexión y oración que lleva a una persona o a una comunidad a comprender el llamado de Dios en un momento dado o en unas circunstancias particulares de su vida. Involucra el hecho de escuchar a Dios de todas formas en que Él se comunica con nosotros: en la oración, en las Escrituras, a través de la iglesia y del mundo, en nuestra experiencia personal y en otras personas”. [1]

Mi definición más corta del discernimiento es: “juzgar lo bueno y lo malo, y escoger lo bueno”. Lo que debemos saber es qué es lo bueno, y qué es lo malo. Challies trae un ejemplo de cómo podemos reconocerlos. Da el ejemplo sobre el dinero falso, dice que si quieres reconocer un billete falso debes conocer muy en detalle el billete verdadero (de esa forma se entrenan a los cajeros de los bancos). Así que como cristianos debemos conocer muy bien la verdad de Dios —Su Palabra— para poder discernir y saber que es lo malo, y falso.

Lo falso tiene formas de lo verdadero pero no es idéntico, y en la Biblia se ve claro que es bueno y que es malo. El discernimiento es una destreza, según el autor, y necesitamos practicarlo de una manera constante para poder llegar a ver muy clara la distinción entre lo bueno y lo malo.

1 Tesalonicenses 5:21-22 dice: “Examínenlo todo; retengan lo bueno. Absténgase de toda especie de mal”. Según este versículo hay que examinarlo todo para discernir que es bueno y que no. El autor advierte que esto no significa que debemos PROVAR todas las cosas, sólo tenemos que EXAMINARLAS. Ir a la Palabra y ver si esto o aquello es bueno o malo es suficiente.

En esta sociedad postmoderna el versículo de Mateo 7:1 “No juzgues para que no sean juzgados” es usado para defender una postura, sea cual sea esa postura, aunque esta muy afuera de lo que Dios quiere de nosotros. “La frase «¡No juzgues! » se ve como una especie de mantra inviolable en esta sociedad postmoderna. Vivimos en una cultura que valora la autonomía hasta la irracionalidad. Vivimos en una cultura que enseña que podemos y debemos hacer cuanto nos haga felices, y que nadie tiene el derecho de exigir ningún tipo de norma, más que la nuestra propia. El juicio se ha convertido en el gran pecado del postmodernismo”.[2]

El autor nos dice qué debemos juzgar y qué no. Primero, no debemos ir más allá de lo que esta escrito. Nuestro conocimiento es limitado y por esto debemos dejar las cosas ocultas a Dios quien todo lo sabe y estar llenos de lo que nos reveló: Su Palabra. Otra cosa que no debemos juzgar son los asuntos de conciencia según Romanos 14:1-4. “No podemos juzgar las motivaciones, tampoco podemos juzgar la piedad personal, ni podemos juzgar la conciencia en asuntos donde las Escrituras guardan silencio. Si lo hiciéramos, seriamos culpables de legalismo, de crear un sistema pecaminoso, de juzgar o de crear unas normas morales que se hallan más allá de lo que han revelado las Escrituras”.[3]

Entre las cosas que si debemos juzgar son las enseñanzas, examinarlas y confrontarlas con las Escrituras como lo hacían los de Tesalónica (Hechos 17:11) para ver si son falsas o verdaderas. Las profecías también se deben juzgar (1Tesalonicenses 5:20-21), los espíritus (1 Juan 4:1), los líderes (1 Timoteo 3:10), otros creyentes (2 Corintios 8:22), los tiempos (Lucas 12:56) y claro – a nosotros mismos (2 Corintios 13:5).

La falta de discernimiento significa inmadurez espiritual que lleva tras si retroceso que acaba en muerte espiritual. El discernimiento significa madurez espiritual, que lleva tras si crecimiento espiritual, y una vida espiritual.[4]

“Los dos aspectos en los que debemos practicar el discernimiento espiritual son los mismos que los dos temas generales de las Escrituras: lo que debemos creer de Dios y la forma en que Dios nos dice que vivamos a partir de esas creencias o, dicho de otra forma, la verdad de Dios y la voluntad de Dios”.[5]


[1] Discernimiento, Una disciplina practica y espiritual, Tim Challies, p. 56.
[2] Ídem, p. 78.
[3] Discernimiento, Una disciplina practica y espiritual, Tim Challies, p. 83.
[4] Ídem, Ilustración # 1, p. 30.
[5] Ibídem, p. 94.