Usar redes sociales se ha convertido para nosotros en un medio para comunicarnos. Ya ni siquiera podemos concebir la realidad sin Facebook, Twitter, Whatsaap, Instagram y otras más recientes. Es así como nos relacionamos. Hoy quiero hablarles de compartir la fe usando las redes sociales.

Cuando me pidieron que escribiera este artículo, estaba preparando una predicación para el retiro de mi iglesia, donde hablaría de volver a la misión que Dios nos encomendó, basado en Juan capítulo 21, En este texto se hablaba de las “redes” como una figura que ya en el siglo primero fue usada por Jesús para que sus discípulos comprendieran el llamado que él les hacía.

Si bien es cierto que Jesús habló de las redes para pescar que usaban sus discípulos de Galilea, y no estaba pensando en perfiles, muros, likes, emoticones ni nada por el estilo. Hay un punto en común entre aquellas redes del mar de Galilea y las redes sociales de nuestro siglo. Ambas pueden servirnos para recordar el llamado que Dios nos hizo a ser “pescadores de hombres”, por lo que usaré está figura de las redes para rescatar algunos principios.

Cuando Jesús llamó a Pedro, luego de la “pesca milagrosa”, le dijo que él debía ser pescador de hombres (Mateo 4:19) de aquí extraigo que Jesús desea usar lo cotidiano para que hagamos discípulos. El Señor no le dice a Pedro, deja las redes y hazte un sembrador, o deja las redes y toma las armas, Jesús usa una figura de aquello que Pedro conocía, parte desde donde Pedro está, para usar a Pedro, el pescador, para ganar a muchos para Jesucristo.

Por internet circula una imagen con las imágenes de cada una de las redes sociales más conocidas y abajo dice “Dejando las redes lo siguieron (A Jesús)”. Si bien es un llamado a reflexionar sobre cómo malgastamos el tiempo usando estas redes, no es que Jesús nos pida que dejemos estos medios, sino que los aprendamos a usar con sabiduría, para la gloria de Dios. Jesús desea que la evangelización no sea un elemento artificial en nuestra vida, sino que desde lo cotidiano vivamos la fe y compartamos el Evangelio. Evangelizar debe ser, por lo tanto, no tanto un evento como un estilo de vida.

El texto de Juan 21 al que hacía referencia al principio, nos relata que Pedro y los discípulos de Galilea, por alguna razón volvieron a tomar las antiguas redes y a pescar en el Mar de Galilea. Es muy probable que Pedro halla estado aún desesperanzado por haber negado al Señor tres veces, quizás se dijo: no soy bueno para nada, mejor vuelvo a lo que sé hacer, pescar peces, pero peor aún ¡No pescaron nada en toda la noche! (Juan 21:1-3). Jesús quería darle una gran lección a Pedro, sus amigos y a nosotros también. De aquí derivamos el segundo principio para la evangelización a través de redes sociales, Jesús transforma lo cotidiano en extraordinario con su presencia. Cuando el Señor aparece, les dice que echen sus redes a la derecha y entonces Pedro y sus amigos son testigos de la segunda pesca milagrosa. Entonces Jesús les recuerda que no deben usar lo cotidiano como todos los demás, porque si Jesús está presente podemos ver acontecer milagros.

Cuando usamos las redes sociales debe estar Jesús presente en ellas, y no se confunda, no me refiero a compartir esos mensajes lastimeros en los que aparece una imagen de Jesús suplicándonos compartir la imagen, sino a que el Jesús real, aquel que venció a la tumba y la muerte y que es ahora tu Señor y Salvador. Si tu vida está llena de Jesús este aparecerá en tus redes.

El poder transformador de Jesús en nuestras vidas, y por ende en nuestras redes, hará que la superficialidad, la violencia, la obscenidad , el prejuicio, el egocentrismo y otros males tan presentes en estos medios, den lugar a la profundidad, a la amabilidad, a la santidad y al pensar bien del otro, eso es tener a Jesús en tus redes. Es vivir el Evangelio para que lo cotidiano sea transformado en extraordinario por el poder de su presencia en nuestras vidas. La propuesta es, por lo tanto, ser llenos de Jesús, y manifestar su carácter en el uso cotidiano de redes sociales, porque nada sacamos con compartir mensajes cristianos si no estamos reflejando a Jesús en todo.

Por último es impresionante como Jesús en Juan 21, le habla a Pedro y le hace confesar tres veces su amor por él (Juan 21:15-17), para luego decirle que está restaurado, que no se culpe más, que ahora es pastor del rebaño y que dará testimonio con su vida y aún en su muerte glorificará a Dios (vv. 18-19)

Jesús nos transforma para que usemos nuestras redes para dar testimonio de Él. Así como Pedro olvidó su llamado inicial a ser “pescador de hombres” nosotros también nos olvidamos y tomamos las redes sociales como cualquiera, allí se reflejan nuestras prioridades y aspiraciones, algo de nuestro carácter y personalidad y lamentablemente a veces queda en evidencia que Jesús no ocupa un lugar central en nuestra mente, porque los valores del Reino de Dios se encuentran muy ausentes de nuestro comportamiento y publicaciones en las redes.

Jesús puede transformar nuestro uso de las redes, pero primero debemos tener aquel encuentro restaurador con el Señor de la vida.

Ser un testigo de Jesús o dar testimonio de Él no es andar escribiendo o compartiendo todo el día versículos bíblicos (aunque no hay nada malo en esto), sino compartir nuestro propio testimonio de ser amados y perdonados por Dios. Debemos aprender a usar las redes sociales como medios para contactarnos con personas reales, dar el salto de lo virtual a lo real, para orar con el afligido, mostrar amor al angustiado y el perdón de Dios al pecador, esa experiencia de un corazón redimido compartiendo las Buenas Nuevas con un corazón necesitado es irreemplazable.

Cuando hemos sido consistentes en dar testimonio de Cristo no solo en el discurso, sino en cómo usamos sabiamente las redes sociales, entonces aquellos que nos miran, podrán ver a Jesús por medio nuestro y Dios nos mostrará diversas oportunidades para compartir el Evangelio, en un inbox, un mensaje por chat u otro medio, y desde allí pasar de una relación virtual a una relación real, comprometida y sacrificada, hacernos “carne” así como el Hijo de Dios se hizo hombre para venir a nuestro encuentro. Te invito a romper la indiferencia, el individualismo y la lejanía, y a usar las redes para ser pescador de hombres.