La práctica de la meditación ha sido olvidada por la gran mayoría en la iglesia actual, es verdad, el ajetreo de nuestro mundo no nos permite tener tiempo para sólo sentarse a meditar.

Podríamos pasar tiempo viendo un serie, viendo películas, pero pasar tiempo sólo meditando en un pasaje de Las Escrituras, parece aburrido, nunca tenemos tiempo para meditar… o será que no ajustamos nuestros tiempos al propósito de Dios.

meditar tr./intr. 1 Pensar y considerar un asunto con atención y detenimiento para estudiarlo, comprenderlo bien, formarse una opinión sobre ello o tomar una decisión: hay que meditar detenidamente las posibilidades que nos ofrecen; medita sobre el trágico acontecimiento; meditaba en ello de día y de noche. SIN reflexionar.
2 intr. Orar mentalmente sobre algún tema religioso o trascendente: el asceta se retiró a meditar.

Cayuela, N. L. (Ed.). (1997). Diccionario general de la lengua española Vox. Barcelona: VOX.

Los salmos están llenos de meditaciones y también nos enseñaba a meditar:

Meditaré en todas tus proezas; evocaré tus obras poderosas. (Sal 77.12)

En tus preceptos medito, y pongo mis ojos en tus sendas. (Sal 119.15)

Traigo a la memoria los tiempos de antaño:
medito en todas tus proezas,
considero las obras de tus manos. (Sal 143.5)

La biblia enseña en muchos pasajes sobre la meditación, pero el historiador Lucas, nos recuerda la hermosa actitud de una mujer virtuosa que meditaba:

María, por su parte, guardaba todas estas cosas en su corazón y meditaba acerca de ellas.
(Lc 2.19)

Es necesario que nuestra generación vuelva a la senda antigua y a una de sus prácticas “La meditación”.
Hoy la meditación está ligada al budismo, la nueva era y otras religiones, pero realmente deberían ser los Cristianos quienes estuvieran realmente ligados a la meditación. Como cristianos nuestro pensar debería estar basado en La Biblia y deberíamos considerar éste asunto con atención y detenimiento, los estudios de la Escritura deberían estar unidos con la oración y la meditación, tenemos que esforzarnos para comprender bien lo que leemos en la Escritura.

Debemos estar preparados para presentar defensa y será a través de lo que hemos previamente leído y meditado en la Palabra lo que forme nuestra respuesta ante los argumentos de este mundo y los que se oponen.
La meditación constante en la Escritura sin duda nos ayudará a vivir en el temor y la voluntad de Dios, y sobre todo, nos ayudará en la toma de decisiones. Debemos ver la meditación no como un mero pensamiento sobre Dios, sino una profundización en la Palabra sobre lo profundo que es nuestro Gran Dios. Será la meditación en la Escritura la que forme nuestros pensamientos bíblicos e imiten lo dicho por Pablo a los Filipenses:

Alégrense siempre en el Señor. Insisto: ¡Alégrense! 5 Que su amabilidad sea evidente a todos. El Señor está cerca. 6 No se inquieten por nada; más bien, en toda ocasión, con oración y ruego, presenten sus peticiones a Dios y denle gracias. 7 Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, cuidará sus corazones y sus pensamientos en Cristo Jesús.
8 Por último, hermanos, consideren bien todo lo verdadero, todo lo respetable, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo digno de admiración, en fin, todo lo que sea excelente o merezca elogio. 9 Pongan en práctica lo que de mí han aprendido, recibido y oído, y lo que han visto en mí, y el Dios de paz estará con ustedes. (Flp 4.4–9).

Nuestros pensamientos deben estar totalmente basados en la Palabra de Dios la única verdad, si no meditamos en nuestro Dios nuestra alma no será transformada y no viviremos siendo renovados como nos enseña Dios a través de las palabras de Pablo (Romanos 12:1-2).

Por lo tanto, hermanos, tomando en cuenta la misericordia de Dios, les ruego que cada uno de ustedes, en adoración espiritual, ofrezca su cuerpo como sacrificio vivo, santo y agradable a Dios. 2 No se amolden al mundo actual, sino sean transformados mediante la renovación de su mente. Así podrán comprobar cuál es la voluntad de Dios, buena, agradable y perfecta. (Ro 12.1–2).

 

Extracto del Libro:

Probablemente no hay otra área en la que los puritanos sean tan útiles como lo son con respecto a las pautas del proceso de la meditación bíblica espiritual. Dicen que hay que empezar pidiéndole ayuda al Espíritu Santo. Ora para que el poder encamine tu mente y enfoque tus ojos de la fe en esta tarea. Como Edmund Calamy escribió, “Querría yo que oraras a Dios para que ilumine tu entendimiento, que acelere tu devoción, que caliente tus afectos, y que de tal manera bendiga así esa hora en ti, que mediante la meditación de las cosas santas seas hecho más santo, tus deseos serán más mortificados, y tus gracias aumentadas, serás más mortificado al mundo y a su vanidad, y serás elevado al cielo y a las cosas celestiales.”19

Después, dicen que hay que leer las Escrituras, luego seleccionar un versículo o una doctrina sobre la que meditar. Aconsejaban el elegir temas relativamente fáciles al principio para la meditación; por ejemplo, empieza con los atributos de Dios en lugar de empezar con la doctrina de la trinidad, y estudia los temas uno por uno.

Además, selecciona temas que se apliquen mejor a tus circunstancias presentes y que te serán de más beneficio para tu alma. Por ejemplo, si te sientes desalentado espiritualmente, medita en la buena disposición de Cristo para recibir a pobres pecadores y perdonar a todos aquellos que vienen a Él. Si tu conciencia te molesta, medita en las promesas de Dios de dar gracia al penitente. Si te encuentras económicamente afligido, medita en la maravillosa providencia de Dios para aquellos que están en necesidad.20

Ahora memoriza el/los versículo/s seleccionado/s, o algún aspecto del tema, para estimular la meditación, fortalecer la fe y servir como medio de orientación divina.

Luego fija tus pensamientos en la Escritura o un tema Escritural sin añadir más de lo que Dios ha revelado. Utiliza tu memoria para centrarte en todo lo que la Escritura dice sobre tu tema. Medita en sermones pasados y otros libros edificantes.

Usa “el libro de la conciencia, el libro de la Escritura, y el libro de la criatura”21 al considerar varios aspectos de tu tema: sus nombres, causas, características, frutos y efectos. Como María, medita estas cosas en tu corazón. Piensa en ilustraciones, similitudes y opuestos en tu mente para iluminar tu entendimiento e inflamar tus afectos, y después deja al juicio calcular el valor de lo que estas meditando.

Aquí incluyo un ejemplo de Calamy. Si meditaras en el tema del pecado, “Empieza con la descripción de pecado; continúa con la distribución del pecado; considera el pecado original y la causa del pecado, los frutos malditos y los efectos del pecado, los adjuntos y las propiedades del pecado en general y del pecado personal en particular, lo contrario al pecado – la gracia, las metáforas del pecado, los títulos que se le dan al pecado, [y] todo lo que las Escrituras dicen acerca del pecado.”

Dos advertencias no obstante: Primero, como Thomas Manton escribió, “No refrenes al espíritu libre con las reglas del método. Dios nos llama a la religión y no a la lógica. Cuando los cristianos se confinan a tales reglas y prescripciones, se están restringiendo a sí mismos, y los pensamientos saldrán de ellos como agua por un alambique, y no como el agua sale de una fuente.”23 Segundo, si tu mente deambula, contrólala; pide perdón con una breve oración y pide por fuerzas para mantenerte concentrado. Lee algunas Escrituras apropiadas otra vez y sigue adelante. Recuerda, leyendo la Escritura, la meditación y la oración van juntas. Cuando una disciplina decae, recurre a la otra. Persevera; no te rindas ante Satanás abandonando tu deber.

Promueve afectos como el amor, el deseo, la esperanza, el valor, la gratitud, el celo y la alegría,24 para glorificar a Dios.25 Mantén soliloquios con tu alma. Incluye quejas contra ti mismo a causa de tus inhabilidades y tus defectos, y extiende ante Dios tus deseos espirituales. Cree en que Él te va a ayudar.

Paul Baynes, al tratar las meditaciones como “medios privados” de gracia, lo compara primeramente con el poder que tiene la vista de afectar al corazón, y luego con el proceso de la concepción y el nacimiento: “Mira como ocurre después de la concepción, vienen los dolores de parto para dar a luz en su momento: de esa manera cuando el alma ha concebido el pensamiento, en breve los afectos son conmovidos, porque los afectos encienden un pensamiento, como lo hace la yesca, cuando una chispa los enciende. Los afectos son conmovidos, la voluntad es agitada y afectada.”26

Ahora, siguiendo el despertar de tu memoria, tu juicio y tus afectos, aplícate tus meditaciones a ti mismo, para despertar tu alma al deber y al consuelo, y para detener tu alma del pecado.27 Como William Fenner escribió,

“Fíjate profundamente en tu alma; anticipa y prevén tu corazón. Ronda tu corazón con promesas, amenazas, misericordias, juicios y mandamientos. Deja que la meditación trace tu corazón. Lleva tu corazón ante Dios.”28

Examínate para ver tu crecimiento en la gracia. Reflexiona acerca del pasado y pregúntate, “¿Qué he hecho?” Mira al futuro y pregúntate, “¿Qué es lo que estoy decidido a hacer mediante la gracia de Dios?”29 No te hagas estas preguntas de manera legalista sino por emoción santa y por una oportunidad para crecer en la gracia impartida por el Espíritu. Recuerda, “Trabajar la ley es nuestro trabajo; trabajar en la meditación es el trabajo placentero.”30

Sigue el consejo de Calamy, “Si te hicieras bueno con la práctica de la meditación, entonces deberías concentrarte en los particulares; y deberías meditar en Cristo de manera que apliques Cristo a tu alma; y meditar en el cielo de manera que apliques el cielo a tu alma.”31 Vive tu meditación (Josué 1:8). Deja que la meditación y la práctica, como dos hermanas, caminen de la mano. La meditación sin la práctica solo aumentará tu condenación.32

Después, convierte tus aplicaciones en decisiones. “Deja que tus designios sean firmes y fuertes, y no [meros] deseos, sino propósitos resueltos o decisiones,” escribe Thomas White.33 Haz de tus propósitos compromisos para luchar contra tus tentaciones a pecar. Anota tus propósitos. Sobre todo, decide vivir tu vida “como lo haría una persona que ha estado meditando en las cosas santas y celestiales.” Encomiéndate tú y tu familia y todo lo que posees a las manos de Dios con “dulce resignación.”

Concluye en oración, acción de gracias y cantando un Salmo. “La meditación es el mejor comienzo de la oración y la oración es la mejor conclusión de la meditación,” escribió George Swinnock. Watson dice, “Ora por tus meditaciones. La oración santifica todas las cosas; sin la oración no son sino meditaciones profanas; la oración ata la meditación al alma; la oración es un nudo al final de la meditación que no se deshace; ora para que Dios mantenga esas meditaciones santas en tu mente para siempre, que su sabor permanezca en vuestros corazones.”34

Da gracias al Señor por Su ayuda en la meditación, si no, Richard Greenham nos advierte, “seremos sacudidos en nuestra próxima meditación.”35

Las versiones métricas de los Salmos son de gran ayuda en la meditación. Su forma métrica facilita la memorización. Como son la Palabra de Dios son un tema adecuado para la meditación. Al ser una “anatomía completa del alma” (Calvino), proporcionan material y guía abundantes para la meditación. Las oraciones (Salmos 72:20) y las acciones de gracias (Salmo 118:1), son medios convenientes para la meditación y una forma apropiada de concluirla. Joseph Hall escribe que encuentra consuelo en terminar sus meditaciones elevando su “corazón y su voz a Dios para cantar algunos versículos de los Salmos de David – uno que responda a nuestra disposición y al tema de nuestra meditación. De esta manera el corazón se cierra con dulzura y contentamiento.”36 John Lightfoot añade, “Cantar alabanzas a Dios es la más alta meditación que se puede realizar en público. Mantiene el corazón más elevado que la palabra hablada. La oración y la escucha se esfuman rápidamente de una frase a la otra; pero esto permanece durante más tiempo.”

Para terminar, no cambies de prisa de la meditación a la dedicación en las cosas de este mundo, no sea que, como Thomas Gouge advierte, “de ese modo apagues bruscamente ese corazón espiritual que ese ejercicio ha encendido en tu corazón.”37 Recuerda que una hora dedicada a tal meditación “vale más que mil sermones,” dijo Ussher, “y esto no es corromper la Palabra, sino una forma de honorarla.”38


 

19 Edmond Calamy, El Arte de la Meditación Divina (Londres: para Tho. Parkhurst, 1680), 172.
20 Ibídem, 164–168.
21 Las Obras de George Swinnock (reimpresión, Edimburgo: Banner of Truth Trust, 1998), 2:417.
23 Las Obras de Thomas Manton (Londres: James Nisbet & Co., 1874), 17:281.
24 Richard Baxter, El Descanso Eterno de los Santos (reimpresión íntegra, Rossshire, Escocia: Christian Focus, 1998), 579–590.
25 Jonathan Edwards, Afectos Religiosos (reimpresión, Londres: Banner of Truth Trust, 1959), 24.
26 Paul Baynes, Una Ayuda Para la Verdadera Felicidad (Londres, 1635).
27 Las Obras de William Bates (reimpresión, Harrisonburg, VA: Sprinkle 1990), 3:145.
28 William Fenner, El Uso y el Beneficio de la Meditación Divina (Londres: para John Stafford, 1657), 16–23.
29 James Ussher, Un Método Para la Meditación (Londres: para Joseph Nevill, 1656), 39.
30 Las Obras de William Bridge (reimpresión, Beaver Falls, PA: Soli Deo Gloria, 1989), 3:153.
31 Calamy, El Arte de la Meditación Divina, 108.
32 Los Sermones de Thomas Watson (reimpresión, Morgan, PA: Soli Deo Gloria, 1995), 269, 271.
33 Método e Instrucciones Para el Arte de la Meditación Divina (Londres: Tho.Parkhurst, 1672), 53.
34 Ibídem, 269.
35 Las Obras del Reverendo y Fiel Siervo de Jesucristo M. Richard Greenham (Londres: Felix Kingston, 1599), 41.
36 El Arte de la Meditación (reimpresión, Jenkintown, PA: Sovereign Grace Publishers, 1972), 26–27.
37 Instrucciones Cristianas, Mostrando Cómo Andar con Dios Todo el Día, 70.
38 Ussher, Un Método Para la Meditación, 43.

Beeke, J. (2011). Aprende de los Puritanos I. En T. K. Ascol (Ed.), Querido Timoteo: Cartas sobre el ministerio pastoral (pp. 150–153). Graham, NC: Publicaciones Faro de Gracia.

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