Al no conocer bien el rol de la mujer cristiana, caemos en errores. Por eso es sumamente importante que conozcamos el motivo por el cual Dios nos creó. Conociendo la Biblia es como serán aclaradas cada una de las dudas que podamos tener y así podremos caminar con determinación en la voluntad de Dios para nosotras como mujeres.

La Palabra de Dios nos muestra claramente cómo debe actuar una mujer que le ama a Él por encima de todo. Y también vemos el orden correcto: es el amor por tu Salvador lo que te llevará a querer vivir en temor y a agradar a tu precioso y sublime Creador.

¿Cuál es el gran problema?

Nuestro gran problema es que nos hemos amoldado a esta sociedad. Vivimos como cualquier mujer de este mundo. Tenemos hábitos que no son agradables delante de Dios. Nuestras soluciones diarias muchas veces son realizadas como lo haría cualquier mujer que no conoce a Dios. Hemos dejado de ir a Dios cada día y nos hemos alejado de la búsqueda diaria de Él.

Consciente o inconscientemente, este mundo nos deslumbra con sus placeres. Gastamos nuestro tiempo en saciar deseos propios y en actividades que nos producen placer momentáneo, a pesar de su corta duración. Así, nos encontramos invirtiendo horas en cosas que Dios no nos ha confiado.

Hemos fortalecido la idea errónea de que pasar tiempo con nuestros hijos y ocuparnos de nuestro hogar no nos da ningún beneficio, ya que a veces el fruto de estas labores lo vemos con los años. Debido a esto, solo buscamos sentirnos plenas hoy, olvidándonos de que hoy es cuando todo lo que hacemos está afectando directamente nuestro mañana. Cada día, en cada momento y cosa que hacemos, estamos sembrando y con el tiempo tendremos nuestra cosecha.

Olvidarnos de esto e invertir nuestro tiempo en otras cosas nos ha frustrado, y así nos hemos desviado del propósito para el cual Dios nos creó. Hemos dejado de ser conscientes de que todos los días, cada minuto, en el más pequeño detalle, pensamiento, ahí, a nuestro lado, en las reacciones que tenemos, en todo lo que nos sucede y vivimos, está nuestro Creador, nuestro dueño y Señor y debemos vivir para agradar solo a ese gran espectador.

¿Cuál es nuestra solución?

Sin duda nuestra solución es volver a Cristo. Debemos dejarnos moldear por Él. Debe importarnos qué piensa Él, cómo ve Dios la vida que llevamos, lo que hacemos, qué le agrada a Él y qué quiere que hagamos. Debemos volver a Cristo. Amiga, clama a Él que te perdone, que ordene tu vida. Habla con Él y pídele su gracia porque quieres agradarle en todo. Si comenzamos a vivir lo que aprendemos en la Palabra de Dios, producirá en nosotras un carácter piadoso.

1 Timoteo 4:7 dice: “Ejercítate para la piedad”. Este ejercitarnos es un ejercicio continuo que, por supuesto, por momentos cuesta. No se trata de algo mágico o exprés, es un ejercicio. Debemos cultivar una vida piadosa, un carácter agradable delante de Dios.  No nos dejemos engañar por los placeres que ofrece este mundo, los cuales son vanidad, un espejismo, como una neblina que desaparece. Conozcamos y confiemos plenamente en la voluntad de Dios para nosotras como mujeres. Ante cada prueba, cada tentación, cada ataque, cada incitación vana, ante los placeres de este mundo… corre a Cristo.

David tenía enemigos como los tenemos nosotras: “¡Oh Jehová, cuánto se han multiplicado mis adversarios! Muchos son los que se levantan contra mí. Muchos son los que dicen de mí: No hay para él salvación en Dios” (Salmo 3:1,2). Pero su confianza era Dios: “Mas tú, Jehová, eres escudo alrededor de mí; Mi gloria, y el que levanta mi cabeza” (v. 3). Su clamor era ser dirigido hacia el Dios en quien confiaba: “Con mi voz clamé a Jehová, y él me respondió desde su monte santo” (v. 4).

Amiga, no te desanimes. ¿Sabes que una perla preciosa tarda 10 años en formarse? “Mujer virtuosa, ¿quién la hallará? Porque su estima sobrepasa largamente a la de las piedras preciosas” (Proverbios 31:10). ¡Estamos en proceso! ¡Ejercitémonos diariamente para salir aprobadas por un solo espectador!